1998 - 2000: Una sonrisa para Nicaragua
El embrión de este proyecto nació en el año 1998 de la mano de los doctores Javier Castelló Colomer y Manuel Bernad Peñarrocha, naturales de las localidades de Aielo de Malferit y Vall D’Uxo respectivamente y cuya especialidad médica es la Estomatología-Odontológica (dentistas).
Plantearse la posibilidad de ayudar a la gente necesitada y de pocos recursos fue lo que les animó a ponerse en contacto con la Excelentísima Diputación de Valencia, al frente de la cual se encontraba en aquellos momentos D. Manuel Tarancón Fandos y entre los tres surgió la idea de desplazarse a Nicaragua (uno de los países más pobres de Latinoamérica) . En este país, la diputación había financiado proyectos y uno de ellos era un Dispensario Materno-Infantil que se construyó en los terrenos de “Casa de España”, con fondos de la Diputación de Valencia y la Generalitat Valenciana.
Una vez aclarado el lugar donde estos odontólogos podían desarrollar su trabajo, la diputación les facilitó un equipo de campaña odontológico, material sanitario, medicinas y el importe de los pasajes para poder desplazarse hasta Centroamérica.
Hasta allí no iban a viajar solos, ya que con ellos, y formando parte del proyecto, estaban Enrique Maseres Cabrera, abogado y natural de Benicull de Xúquer, y Juan Bautista Perpiñá Cebolla, agente comercial y natural de Polinyà de Xúquer.
En 1998, durante el periodo vacacional de sus respectivos puestos de trabajo, este equipo de personas se desplazó hasta Nicaragua, donde estuvieron 17 días en los que se atendieron a 443 personas, a las que se les arreglaron 519 caries, hubo 288 extracciones y 137 consultas para las que no fue necesario ningún tipo de intervención.
En 1999 el equipo regresa de nuevo, bajo el auspicio de la Diputación de Valencia y su nuevo presidente, D. Fernando Giner, con una estancia de 20 días, de los cuales se dedicaron 16 a la “Casa de España” en Managua y 4 a la Comunidad Indígena de Sutiaba en el departamento de León.
Se atendieron en esta ocasión a 743 pacientes, se arreglaron 1260 caries y se realizaron 480 extracciones, así como 219 consultas, todo con un ritmo frenético de trabajo con jornadas de 10 y 12 horas diarias.
Al margen de lo puramente médico, el equipo empezó a interesarse también y a despertar sus inquietudes por la infancia, tanta y tan desprotegida, a la que intentaba proporcionar material escolar, juguetes, ropa y todo aquello que se recogía mediante donaciones, tanto en dinero como en material.