VIAJE A NICARAGUA (Febrero 2006)
Quisiera comenzar este resumen con unas palabras de nuestra compañera de proyecto, Asumpta Rubio, que realmente transmiten la realidad que en este viaje hemos vivido:
"Bueno resulta un poco complejo explicar los sentimientos que tuvimos al realizar nuestra visita a los chigüines de Nicaragua, me encantó la descripción de una revista (uno vuelve "tocado") "pobres pero FELICES". La gran mayoría de "nuestros niños/as" no tienen las necesidades primarias cubiertas, ero sí la vitalidad, los gestos y la risa del encanto de vivir. Nos acogieron estupendamente. Pudimos compartir juegos, comida, cariño, amistad, sí un acercamiento y seguimiento de nuestro GRANITO DE COLABORACIÓN. Estoy segura que con la ayuda de todos nuestros amigos se ira agrandando para ir rentabilizando los recursos y poder construir un mundo mas justo por medio de la educación. Gracias por permitirnos mejorar el mundo."
Y tras estas palabras, que resumen perfectamente los sentimientos que nos han invadido, paso a resumiros lo que fue nuestro viaje.
El día 26 de Enero, cargados con 11 maletas tan grandes casi como nosotros, cogimos un avión tras otro, haciendo interminables escalas y con unas ansias y un desespero por llegar y ver a nuestros Chigüines, que se hace difícil de trasmitir.
Tras tantas horas de vuelo que ya perdimos la cuenta, cansadísimos, pero con la misma ilusión o más con la que salimos de Valencia, llegamos a Managua, donde Don Orlando nos estaba esperando con una camioneta. Cargamos todo en la parte trasera, y Juan Bautista tuvo que viajar allí, protegiendo todas las pertenencias.
Esa noche dormimos en un hotel de la capital, poco, la verdad, por que el ansia de que amaneciera y empezar nuestra visita a las distintas demarcaciones donde tenemos Chigüines apadrinados y a las nuevas comunidades que requerían nuestra ayuda nos impedía conciliar el sueño.
Y bueno, por fin amaneció el día en que empezaba nuestra aventura. Empezamos por Sierritas, conocimos a Fanor, a Yubelka, a la tía Paquita... y un montón de personitas sucias, con los pelos enmarañados, muy muy pobres, pero cuyos enormes ojazos transmitían una profunda emoción por vernos allí, tenían un brillo especial que no les ves aquí a los niños, un agradecimiento profundo, una alegría imposible de imaginar en gente que tiene tan poco.
¿Conocéis esa sensación de descubrir que la situación es aun peor de lo que imaginabais a priori? Así me sentí viendo los lugares en que viven, viendo lo poquito que tienen, viendo las circunstancias de su vida, escuchando los problemas a los que se enfrentan cada día. Y sin embargo, al mismo tiempo una sensación de felicidad, de sentirme completa, llena, realizada, me invadía más y más a medida que iba conociendo chigüines. Inexplicable, ¿verdad? Pues no, no es tan difícil de entender... esa gente no tiene prácticamente nada en el aspecto material, pero son realmente ricos en cariño, en bondad, en agradecimiento... y de verdad os digo que saben transmitírtelo.
Otra de las estaciones de nuestro viaje fue Nindirí, el centro para discapacitados, donde hicimos la entrega a doña Carmen del dinero que obtuvimos con la rifa de la cesta de Navidad.
En Managua visitamos también a los chigüines que viven en los barrios marginales de la misma. Fuimos a estos barrios, buscándolos en sus casas para poder entregarles los regalos que nos habíais dado para ellos. En ocasiones nos resultó complicado, no podéis imaginar los caminales por los que había que meterse con el "carro". Menos mal que el coche que nos consiguió Doña Maribel era nuevo y aguantó como un campeón ;)
A otros de los chigüines de la capital los reunimos en casa de Don Orlando, de manera que con una sola visita pudiéramos verles a todos, ya que se hacía complicado hacer visitas individuales a todos y cada uno de los niños que forman parte del proyecto en tan pocos días.
Tras unos días en la capital partimos en dirección a la planta eléctrica de Santa Bárbara, de donde es ingeniero don Justo Sandino, el marido de doña Maribel. De nuevo la enorme hospitalidad de estas personas es justo mencionarla, pues se desvivieron por facilitarnos la estancia todo lo posible y hacer que nos sintiéramos tan cómodos como en nuestra propia casa.
Desde esta planta visitamos dos nuevas comunidades, los Martínez y las Varas.
La comunidad de los Martínez está pegadita a la planta. Son un montón de familias, originarias de los primeros empleados de la planta, pero que han ido creciendo con los años hasta convertirse en una gran comunidad de unos 70 niños.
Con los niños de esta comunidad compartimos un par de días fantásticos. Música, juegos, repartición de material escolar... Podéis leer más sobre ellos en Los Martínez
¿Os imagináis jugando al pañuelo, a las sillas, a tirar botes vacíos con una piedra, a hacer carreras por parejas sujetando un globo con agua en la frente...? ¿Sois capaces de pensar en los niños de aquí jugando a esos juegos en la calle y renunciando a sus videoconsolas, ordenadores y demás? A mi la verdad es que cada vez se me hace más difícil... pero con los chigüines era distinto, para ellos estos juegos eran incluso desconocidos, novedosos, y se entusiasmaban intentando ser los mejores, compartiendo cada momento con los demás... que risas! que felicidad desprendían! ¿Se puede ser tan feliz con tan poco? A mi me demostraron que si.
Y bueno, el siguiente día, fuimos camino de las Varas, la nueva comunidad. La sensación que de allí nos trajimos también fue insuperable. Padres con tanta ilusión por construir una escuelita para sus niños, preocupadísimos por la educación de los suyos, dispuestos a alargar su jornada laboral todo lo que haga falta para construir ellos mismos dicha escuela. Por supuesto dedicaremos todo el esfuerzo que sea necesario a que este proyecto sea realidad tan pronto como sea posible. Podéis encontrar detallada información sobre este nuevo proyecto en Las Varas.
Una vez concluimos la labor en la planta, partimos en dirección de Matagalpa, a visitar San José. Pero de camino hicimos la parada en Chagüitillo, donde también tenemos niños apadrinados que alucinaron con los regalitos de sus padrinos.
Y llegamos a San José. Bueno, a mi personalmente, el lugar que más me impactó en todo el viaje. Si prácticamente nada tenían los niños de otras demarcaciones, muchísimo peor eran las condiciones en que estos niños vivían. Y eso que Juan Bautista me había contado muchas veces como era este sitio, y lo había visto tantas veces en el video que nos trajo el verano pasado que creía conocerlo de memoria. Pero no, nada más lejos de la realidad. ¿Cómo pueden estos chigüines vivir en semejantes condiciones y mantener siempre esa enorme sonrisa en la boca? Se me hacía imposible de comprender.
En mi opinión, lo más deplorable de sus condiciones diarias de vida, es la falta de agua. Los niños iban increíblemente sucios, descalzos, llenos de piojos... pero no dejaban de sonreírnos!!!! Cierto es que nosotros estábamos allí repartiendo regalitos, golosinas, material escolar... y eso siempre puede ser una alegría... pero ¿no os resultaría a vosotros difícil olvidar las penas con tan poca cosa? Yo me sentí realmente mal, pero al mismo tiempo, como ya os he dicho antes, cada vez más y más llena de vitalidad, de energía y de ganas de luchar en la medida que me sea posible para mejorar la vida de estos niños.
Para que os hagáis una idea... algunas anécdotas... me quemé toda por no poder ni ponerme protector solar ya que no me era posible lavarme las manos, que tras estar un rato con los niños tenía como si hubiera estado sacando carbón de una mina. Tuvimos que comprar vinagre para untarnos la cabeza y "matar" todo lo que pudiéramos haber "recogido" en nuestra visita a una de sus "casas" (me resultó realmente complicado no ponerme a llorar viendo aquello... siendo sincera, alguna lagrimita dejé caer...). Tuve que explicarle a una nena lo que era una botellita de colonia que su padrino le había enviado.
Aunque posiblemente, mi mejor experiencia, conocer a dos de mis ahijados, que viven en esta comunidad. ¿Podéis imaginar como me sentí cuando pude por fin pude abrazar y besar a esos chigüines que había visto crecer en fotos? Es hacer realidad un sueño... Aunque os suene a risa.. era como estar en uno de esos programas de la tele en los que te traen a esa persona que tienes tantas ganas de ver. Indescriptible.
En esta comunidad vive también Esther Blandón, esa futura abogada que podrá estudiar una carrera gracias a todos los que habéis aportado vuestro granito de arena para que así sea. Desde aquí quiero transmitiros el enorme agradecimiento de Esther, que rebosaba felicidad hasta por las orejas. Podéis leer como fue la entrega y sus propias palabras en Entrega a Esther.
Bueno, no me quiero extender más hablando de San José... es una comunidad con muchos problemas, tantos que está en peligro de desaparecer... no os perdáis detalle de esta conmovedora historia. Visitar San José.
Y la última parada de visita a nuestros chigüines fue en Poneloya, pueblecito de la costa. En este pueblecito fue, tal vez, donde mejor aprecié la diferencia de nivel entre las familias nicaragüenses. Este pueblo tiene una calle principal que prácticamente lo atraviesa de punta a punta. Pues bien, el lado izquierdo de dicha calle está formado por casas bonitas, cómodas, parecidas a "chalelitos" de veraneo como aquí los conocemos, que, por la parte de atrás, dan a la misma arena de la playa. O sea, casas en primera línea, como nosotros diríamos. Pertenecen a gente rica, tal vez de la capital, que solo las usan en sus periodos de vacaciones. Y luego está el lado derecho de la calle, donde viven nuestros chigüines, en chabolas de las que ya me estaba acostumbrando a visitar.
En Poneloya tengo también varios niños apadrinados... así que pude revivir las sensaciones que tuve en San José cuando por fin pude abrazarles y besarles. Que cosa tan grande!
Aquí reunimos a todos los chigüines en casa de doña Esperanza, pues tampoco disponíamos del tiempo suficiente para visitarles a todos en sus casas. Se les hizo la tercera entrega de dinero (correspondiente al apadrinamiento que pagasteis el año pasado, ya que como sabéis para nosotros los años van de agosto a agosto), pero solo a aquellas familias que aportaron la constancia de matrícula de los nenes en la escuelita y el boletín de notas del curso anterior. Ya sabéis que el proyecto es un proyecto educacional y, por tanto, es requisito indispensable para recibir las ayudas que los niños acrediten sus asistencia a la escuela.
También aquí hicimos las entregas de los regalos que nos habían dado los padrinos, repartimos golosinas y organizamos juegos con los que entretener a los nenes mientras tratábamos asuntos de dinero con sus madres.
Y bueno, podría pasarme horas y horas contándoos todas las anécdotas del viaje y explicando cada una de las fotos, pues guardo el recuerdo intacto de cada uno de los momentos que pasé con esos niños. La sensación que teníamos a las pocas horas de estar allí era como si lleváramos allí toda la vida, como si los días fueras larguísimos, hacíamos tantas cosas, recibíamos tanto cariño a cambio, no se... de verdad que las horas parecían no pasar. Sin embargo ya de vuelta, en el avión, todo había sido como un suspiro. ¿Ya ha acabado? Pues si... que penita volver y dejarles allí...
No se si habré sabido trasmitiros en esta página todo lo que sentí, aunque espero que al menos, podáis haceros una pequeña idea.
Para cualquier duda o aclaración Marta y yo siempre estamos a vuestra disposición.